martes, noviembre 25

Uno vuelve siempre a los mismo sitios donde amó la vida

Imagino que muchos pueden contar entre sus experiencias al zócalo de la Ciudad de México.

La mía cuenta un viernes, 2 am, plancha del zócalo solita, húmeda por la lluvia anterior. Acostados en el piso, bien abrazadita al amor.


miércoles, octubre 8

Las rupturas en los tiempos de las redes sociales

Qué chinga.
Además de recoger las prendas tiradas, regresar las cosas, pelearse por el libro, recoger los cachitos reciclables del corazón y explicarle a la familia que a mis casi 30 regreso a la soltería... ¡hay que limpiar dos años del chingado facebook!


miércoles, junio 4

Quiero a mi mamá...

Mujer de 29 años con 4 empleos, sin seguro médico, un dolor de muela, mala mano para el jardín, el corazón a 1200 km de distancia, dos hermanas como un sol, un padre argentiespañoitaliano y una amiga loca y media pero adorada, quiere y reclama -como niña chiquita- a su mamá.

Cojo el libro por la pura costumbre, a los dos párrafos cae  por el borde de la cama, arrastrando un  alma en pena que solo pide un árbol para dormitar.

jueves, mayo 29

Huellas

Dice un amigo que traigo conmigo la vida de muchas personas. Hoy conocí una más.

Encontramos un tesoro en la cajuela de un auto de segunda mano.
Jennifer Cole es (o fue) gerente de un banco en Colorado Springs. La ama (o la amó) un hombre llamado Eric. Su padre vive en Florida. Calza del 6 y tiene (o tenia) una letra hermosa.
Es increíble lo que puedes conocer de una persona solamente por sus pertenencias.
Quise decirle que su pequeño tesoro estaba a salvo, quise decirle que estaría encantada de regresarle un pedacito de ella, pero no hay huella. La única prueba que tengo de su existencia, es la maravillosa sonrisa que Eric describe en su nota.
Hoy fue un día de esos.

miércoles, octubre 2

La recompensa de pelar una lima.

El miércoles es mi día favorito. En la mañana hago lo mismo que todos los días, pero cuando dan las dos de la tarde, la casa es mía. Mía.

Generalmente lavo la ropa, sacudo el sillón, pinto alguna caja y me entrego a mi deleite del último mes; volver a ver las películas de las que alguna vez escribí en un suplemento cultural que murió junto con mi extrañado editor. Cuando salgo del universo al que me doy, leo un poco, termino algún pendiente, reviso las tareas de mis alumnos y espero a que la casa se llene con las risas de mis hermanas al volver de sus ocupaciones. 

Hoy fue distinto.

Terminé de ver Café Lumiere y no podía volver de ese universo, me quedé atrapada entre las vías de trenes y las visitas a cafés japoneses. Me levanté a atender a los perros y saqué del refrigerador las limas que compré el lunes, fascinada por volver a ver una lima en este desierto. Sentí un hueco, uno que nunca había sentido; imaginé que es parte de ir cumpliendo años, los pendientes y demás, pero cuando iba la lima a medio pelar, con Bessie Smith apachurrandome el corazón entendí; yo bachiller pelaba limas y mandarinas mientras lloraba por mudarme de ciudad, yo veinteañera pelé naranjas en una plaza de San Luis Potosí mientras buscaba su boca, yo universitaria pelé su corazón mientras desarmaba un uniforme militar. 

No es el sabor la recompensa por pelar tranquilamente una lima, la recompensa es la certeza. La certeza de una mano cualquiera sobre un pecho cualquiera, recorriendo un camino conocido

entre verdes y lluvia.



domingo, septiembre 8

Mierda

Ya no salgo de casa.
He convertido mis sábanas en cueva, mi almohada en grillete.
Ya no salgo de casa por no saber que responder cuando me preguntan por él, todos, siempre. (Dice mi psicóloga que no totalice)
Mierda.
Ya no salgo de casa, es cansado revivir la cantaleta. (Dice mi psicóloga que haga catarsis)
Debo dejar de leer a la Mastretta.

lunes, agosto 26

Lo difícil no fue permitirle mi cuerpo o recibir el suyo sin recato. Lo difícil sigue siendo el trozo de alma que toca con la ignorada ternura de su ser.

jueves, junio 27

Crónicas nazis de una profesora universitaria II

¿Había dicho que doy clases en universidad? Si, el historial no miente.

A mi me gusta la calle, la gente, sus colores, sus formas, su voz... me gusta mucho su voz. Soy la loca que le saca hilo de plática al taxista sin preocuparme mucho por psicopatías... hablando de la loca; tengo unos 20 muchachos a los que pretendo inculcarles el trabajo comunitario. Es un poco difícil, la gran mayoría de ellos son hijos de gente medio adinerada que jamás ha tenido contacto con la necesidad, sea ésta de cualquier tipo. Quizá estoy juzgando, quizá no, supongo que puedo ser perdonada por mi estado de locura.

"La loca de comunidad"
Dícese de la psicóloga que me da clase, se viste medio hippie y llega con su termo con té de algún raro sabor a hablarnos y hacernos hablar de la gente... iiiuk, gente... (alumna nice, 2013)

La verdad es que me gusta que me llamen loca, ojalá fuera más a menudo, ese adjetivo me recuerda que la única vez que pretendí cordura, mis comisuras se marchitaron.

Así es que estos escuincles tendrán que vivir en carne propia las delicias del trabajo comunitario. Ya iba siendo hora.

domingo, mayo 26

Tu nombre en el silencio.

No, no es una entrada sobre el amor, ya estoy cansada del tema.
Los escritores, cuando mueren, se convierten en esos héroes que solo echamos de menos cuando la mano les muere.
Hoy fue José María Pérez Gay.
Amanecí con la casa oliendo a café y cosquillas en los dedos, recibí la noticia en mi cama, por medio de un aparatejo espantoso. Como hipócrita lectora me dirigí al librero a buscar sus libros, después de años de no recordarlos; encontré "Tu nombre en el silencio" no recuerdo toda la historia, pero puedo recordar que mientras lo leía estábamos en plena crisis económica en casa (el recibo de la luz que usaba como separador me lo recordó), me desperté temprano, mucho antes de que sonara el despertador para poder terminarlo, con la pequeña lamparita que un día desapareció. Dormíamos todos en la misma recamara; papá roncaba, mis hermanas se movían y yo tenía hambre. Cuando iba acercándome al final, cuando Cardona hace el recuento de sus juventudes comunistas, tomé la decisión. Ese día, como muchos otros, mi vida cambió; dejé el empleo en la maquiladora, con mi espalda sindrómatica y 500 pesos en la cuenta bancaria.

Porque creo que los libros no son para recordarse, para evocar datos, nombres y fechas, sino para contar nuestra vida a través de ellos. Así como Bernal decía que "la construcción colectiva de Mí a partir de la interacción con Los Otros y que prácticamente haría intercambiables los términos Mí y Los que Soy" los títulos del librero pueden contar nuestras vidas.
Al final de cuentas los autores no escriben para nosotros, egoístas (nosotros). Los escritores escriben por ellos, para ellos, sobre ellos, si en el camino sus letras sirven de parte aguas para nosotros, bien.

Gracias por eso, Chema. (lectora igualada)

jueves, mayo 16

Perdón si no te invito a pasar a mi vida pero la última vez dejaste tremendo desmadre